miércoles, 14 de junio de 2017

HaiKu

En el camino
mi estrategia lenta
me lleva lejos

jueves, 8 de junio de 2017

Una frase escrita en el agua


En una espiral con tapadera y sin alas. Voces que no quieren salir, lugares sin retorno y una frase escrita en el agua que perdura sólo en la soledad de quien no encuentra la salida. Una, dos y tres o miles de veces asomada a su mundo; olfateando lo que no puede ser. Así se encuentra Luz que cual Ariadna juega con su ovillo sin saber si prestar uno de sus extremos a quien pueda liberarla de su propio laberinto. Ella ha creado su propio minotauro. Es la rara, la niña de los silencios, la pequeña luz perdida en una oscuridad difícil de iluminar. No vive Luz en tierra de Teseos o Dionisios. No le gustan las maneras, juegos, bromas ni ímpetus de los chicos de su edad. Prefiere Luz, el olor a primavera de Alba, esa niña de cabellos rojizos y brillantes como la capa que envuelve a las cebollas frescas y sanas. Le gusta su cara pecosa y sus rápidos ojos y la amabilidad con que la trata. Adora como salta los escalones cuando toca ir al patio y como echa los restos de su bocadillo a los gorriones que ya conocen su solidaria costumbre de compartir. Cada mañana cuando Luz peina su engorrosa melena de obstinados rizos piensa en la seda pelirroja que viste la cabecita de Alba y mientras recoge sus últimos bártulos de colegial, piensa en que a la hora del desayuno romperá su duradero mutismo para decirle a Alba que la quiere. Más tarde, cuando su madre llegue hasta el borde de su cama para darle el beso de buenas noches y acariciar su cara, Luz verá al cerrar sus ojos, como una vez más ha escrito sobre el agua del estanque del parque con su dedo índice, I love you Alba. Es la única forma que encuentra para romper su silencio. 

martes, 30 de mayo de 2017

Tres Microcuentos

Imagen de reloj que ilustra microcuentos.
El espejismo
Caminaba mientras la sed crecía. Sus pies, se fundían con el desierto de asfalto mientras que con sus labios intentaba libar el espejismo. 

Adiós
Suena el bolero. Bailas sobre mi espalda y tras la ventana ves los barcos llegar al puerto pero el reloj ya marca el adiós. 

Sin historia
Las letras escapaban como mariposas en primavera y en su estómago el cuerpo del personaje arañaba por ser historia.

jueves, 25 de mayo de 2017

La nieta obediente

Hendidura en el tronco de un árbol.
Una boca enorme se abrió en el erecto tronco de aquel árbol mágico. Fue de repente, cuando ella avanzaba camino a casa de su abuelita para llevarle la legendaria cestita solicitada. De la profunda cavidad salió una voz. Acércate niña. Ven y muéstrame qué llevas en esa cestita. Oyó la pequeña. 
Entonces quiso correr pero un viento extraño la despistó e hizo que el canastito de mimbre cayera al suelo. Desparramados por la tierra ocre quedaron los objetos que iban en el interior del cesto; un cargador de móvil, un paquete de tabaco y una mediana petaca de metal. De modo que la chica no portaba ni miel, ni pieza de fruta, ni pastel de chocolate. Cuidadosamente pero con miedo, la jovencita recogió aquellos extraños cachivaches y los introdujo en el lugar de donde no tenían que haber salido. 
Y el árbol volvió a hablar para pedir algo. Óyeme, tengo mucha sed hace tiempo que no llueve así que debes coger esa botellita plateada que llevas en tu capachito y verterla por este hueco redondo que aquí ves. 
La nieta obediente vertió el transparente líquido en la gran hendidura que había casi a la mitad del tronco, no sin antes subirse en las raíces del árbol para poder alcanzar el enorme y tenebroso círculo del que provenía el mensaje. Pasado pocos segundos, nuevamente el extraño tronco animado habló para decirle a la niña: Nena, la próxima vez que no sea vodka, haz saber a tu abuelita que yo prefiero la ginebra, ginebra inglesa y bien seca. 

Oswaldo&Lucho Dectectives

No hay nada como un buen paseo para aclarar las ideas y desatascar el fango mental que anega la psique, pensó Oswaldo. Su mesa escritorio estaba repleta de documentos, carpetas y papelitos con anotaciones de todos los colores. Las estanterías que acompañaban la estancia también reflejaban el caótico orden de aquel viejo detective empleado casi en un noventa por ciento en detectar fraudes y engaños a grandes compañías de seguro.

Atento a cualquier movimiento del viejo, en un rincón de la habitación descansaba un longevo mastín que artrítico y lento había perdido con el peso de los años, el interés por olfatear cualquier incidencia repentina. Pero que, tan sólo con el movimiento de sus nostálgicos ojos perrunos, hacía saber al investigador si iba por buen camino o lo contrario.

Así comenzábamos

Un dragón tras mi ventana

Una vez intenté luchar contra un dragón, este inmenso animal me dio un zarpazo con su cola y quedé herida. En meses me cobijé en el silen...