martes, 18 de febrero de 2014

Exiliados

La tristeza se instaló en los moradores. Habitaban un espacio de miedo y vacío, donde la escasez era la palabra-contraseña. Miles de kilómetros, montañas y un desierto regado de lágrimas quedaron atrás. Ahora el campo de refugiado es un limbo permanente en el que sobrevivir; un triste método de vida. 

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