lunes, 19 de septiembre de 2016

El tigre me dejó cruzar

En el silencio, mis gritos hicieron despertar a la casa que dormía con sus crujidos de costumbre. Intentaba zafarme de aquella pegajosa masa que no sabría decir si era crema, pasta de chicle o mezcla espesa de rara plastilina. Escasos minutos antes yo me había cruzado con un hermoso, silencioso y pensativo tigre en plena calle. Solitariamente él caminaba no sé hacia qué lugar y yo transitaba por una peligrosa y oscura calle imaginaria. En ese cruce mi miedo se hizo templanza y a la mirada del tigre le respondió mi esquiva, temerosa y trémula forma de andar hacia adelante; pero lo peor fue llegar ante la puerta de la casa de mi infancia y luchar para derribar aquellos muros de magma impenetrable. Entonces la llamada a mi madre y mis quejidos cuajados de sollozos y agonía despertaron a mis hijos que soñaban plácidamente.

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