lunes, 21 de noviembre de 2016

13/12/2002

Hora sumisa en la que trabajan las arañas negras.
Hora subyugada en la que el color y los aromas
emigran hacia exteriores cuartos oscuros
y se mezclan las imágenes con los ajuares
que el deseo regala a tu piel.

Unos ojos se caen de derrota
por no poder cruzar los páramos yermos de la ausencia.



Un cuerpo reprime, pausado,
carente de hambre.
No hay adrenalina en el menú de la noche
ni vuelo urgente de palomas con mensajes
en las cuevas del estómago.

Es este cuerpo abandonado
de las ascuas del otro, es un cuerpo sin compañero de baile,
sin sombra; plano y leve. Denunciado por solitario.

Cuerpo doloso y agostado
que bebe sin sed la copa ácida del miedo.

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