Días antes de que llegará el 14 de febrero ya andaba nervioso. Sabía que era cada vez más difícil sorprender. Habían pasado tantos años juntos, tantas cenas, tantas dedicatorias y tanta entrega que en esta ocasión no se le ocurría qué diseñar para que la próxima cita fuera un éxito.
Lo único que tenía claro era el lugar y la hora donde debían encontrarse. Llegarían, como de costumbre, a la cafetería del Hotel Britania a las nueve y treinta de la noche y él dejaría al lado del Vodka que ella pediría las llaves de la habitación. Una vez allí comenzaría la fiesta.
