miércoles, 11 de diciembre de 2013

Nueve veces no

Habíamos perdido toda la esperanza, el barco se hundía irremediablemente, los marineros, con desgana la mayoría, achicaban el agua como podían, mientras por los rincones, grupos de ratas sin piel roían las bases aún sólidas, mirando de reojo y en silencio, siguiendo servilmente las órdenes de la peor de las harpías. Fea y rancia del rencor que a borbotones emanaba por sus ojos. Lentamente sucedió.
La tormenta fue apaciguando su látigo feroz y las plegarias fueron escuchadas. Emergió la luz de entre las tinieblas, abriéndose paso ante el mal. Al principio lentamente, pero paso a paso, asegurando cada rayo, cada brizna. Y se quedó, aunque no el tiempo suficiente para ver finalizada su obra: La conquista de un barco a la deriva en sesenta noches... y no es un sueño repetido nueve veces, No.                                                                                       
Un microrrelato de Maica González Serrano.


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