jueves, 19 de diciembre de 2013

Y ahora...


Las lágrimas se deslizan ávidas por sus mejillas, delatando su sensible modo de entender el mundo. Un mundo incierto y que ha golpeado con toda dureza su universo inmediato. Desde la ventana observa el silencio de la tierra. Se agarra fuerte a las sábanas como si esta estrategia fuera a devolverla al ayer y entonces las lágrimas se convierten en aguacero. La soledad, entra sin llamar, la habitación impersonal y aséptica ya no es refugio seguro. Nuevas caras, nuevas voces, quizás otros cuerpos que abrazar o esquivar y el recuerdo como único ungüento para sobrevivir.
Un microrrelato de Ana Muñoz Cubero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Así comenzábamos

Un dragón tras mi ventana

Una vez intenté luchar contra un dragón, este inmenso animal me dio un zarpazo con su cola y quedé herida. En meses me cobijé en el silen...