martes, 12 de noviembre de 2013

Celular


Ella tenía la costumbre de abrir los ojos casi a la vez que el sol. El cielo plúmbeo se rasgaba a jirones de luz. Amanecía.

Se giró y notó la presencia del vacío, de la tristeza del lado opuesto sin llenar, del frío hielo de la sábana que no ha sido dormida. Peinó el espacio y apretando el puño recordó la promesa desamor que le hiciera al brujo: nunca volveré amar como aquella vez amé.

El silencio se rompió.  Una dulce melodía susurraba ritmicamente, desde la lejanía se oyó un nombre... ¿Julia?

Un microrrelato de Maica González Serrano. 

Imaginario

Imaginario
El tiempo y las palabras ayudan a entendernos