martes, 22 de octubre de 2013

La cita de Álvaro


A las siete, justo a las siete de la tarde, cada día, todos los días del mes, Álvaro acudía al lugar de su primera cita con Inés. Era un ritual asumido. Andaba trabajosamente, arrastrando los pies casi sin levantarlos del suelo hasta que llegaba al primer banco del parque. Allí se sentaba y pasado los dos primeros minutos de la hora acordaba miraba el reloj y tras decir, ya se retrasa, jugueteaba con las hojas o cualquier elemento que tuviera cerca a sus pies. Pasados los primeros diez minutos volvía a decir, se retrasa, Inés se retrasa. Volveré mañana. Y, tras interiorizar un fracaso asumido, levantaba su cuerpo alto aunque encorvado por el desgaste óseo y volvía de regreso a casa. ¡Tantos años¡. En su espíritu la idea perenne de no aceptar el no que Inés le dio cuando apenas alcanzaba los veinticinco. Ahora casi cincuenta años más tarde, Álvaro mantenía una nebulosa donde la vida estaba detenida por no afrontar la verdad del desamor. 

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