domingo, 27 de octubre de 2013

Tan próximos, tan lejanos

¿Qué pensar cuando la lejanía nutre nuestra historia? ¿Para qué seguir lanzando los dados hasta que la suerte cante siete? Los domingos al caer la tarde mirarnos y sin remedio sentirnos extraños. Un beso despegado de buenos días para empezar otra semana de calladas horas. El calor de los cuerpos en las noches y el deseo agazapado bajo la cama, dudando aparecer entre las sábanas. -Mañana amor, llegaré tarde-, me dirás sin complacencia; con tu habitual tono áspero y falto de ternura. Ternura, ¿dónde se quedó la ternura de los primeros días?, huyó como huye tu interés por ofrecerte. De tu egoísmo genético viene esta ausencia que se instala sin remedio en nuestros cuerpos como una eterna segunda piel. No volverás a retrasarte, no velaré tu respiración en la noche y no sentiré el frío de tus abrazos porque Mañana amor, estaré lejos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Así comenzábamos

Un dragón tras mi ventana

Una vez intenté luchar contra un dragón, este inmenso animal me dio un zarpazo con su cola y quedé herida. En meses me cobijé en el silen...